martes, 2 de abril de 2019

Ruinas en el desierto

-Eh, ¡Bizco! ¡Deja ya de mear en la arena! ¡El sol te va a derretir la polla!

-¡Que te lo has creído, tío! ¡Mi polla resiste contra viento y marea!

Bizco recibió una senda colleja en el cuello

-¡Ay! ¡Capullo! ¡Eso ha dolido!

-Vamos, Bizco, que vamos a perder a nuestra cliente

Efectivamente, la señora se había puesto a andar por su cuenta en las dunas y ya les llevaba unos cuantos metros de ventaja. Bizco se subió las mallas deprisa y Capullo salió corriendo detrás de la clienta, hasta que por fin consiguió ponerse a su altura. Detrás Bizco ya había empezado a correr en su dirección echando babas por la boca

-¿Dónde va, señora? Podría perderse en el desierto

-No parece que os necesite- respondió la aludida

-¡Eh! ¡Esperadme! ¡Esperadme!

-Vamos, vamos, señora... el desierto es un lugar peligroso, pero no se preocupe, nosotros la acompañaremos hasta las ruinas

-No dejas de decir esas cosas, pero quien os tuvo que rescatar de ese gusano del desierto fui yo.

-Está usted exagerando

-Llevamos días pateando arena, solo quedan un par de cantimploras, no hay nada a la redonda, y los buitres empiezan a volar sobre nosotros. A estas alturas yo diría que me habéis timado

Capullo fingió sorpresa

-Señora, señora, me ofende que diga eso. Precisamente ya estamos a punto de llegar a las ruinas

-<¿Cómo?

-Usted párese un momento

La señora hizo caso, aunque miró mosqueada a Capullo. Bizco se incorporó a su lado, resoplando

-Bizco, vamos a hacerlo ya

-¿Ya? Pero yo quería encontrar un nuevo oasis...

-La señora quiere llegar ya

Bizco se encogió de hombros. Entonces dió una media vuelta, y súbitamente desapareció

-Interesante- señaló la señora

-Usted solo tiene que dar una vuelta y ya llegará ahí- Capullo hizo lo mismo, y también desapareció

Cuando la señora hizo lo mismo, se encontró de repente en un entorno totalmente nuevo. Seguía pisando arena, pero a su alrededor había torres y edificios derruidos y desgastados por el viento. Por ahí y por allá había algunas runas marcadas en las paredes, pero aparte de eso, no había más rastro de la civilización que alguna vez habitó algún lugar. Al fondo podía verse una gran pirámide circular.

Detrás suya aparecieron Bizco y Capullo.

-Se lo dije señora. Estas ruinas tienen una maldición para que no vengan los tramperos, pero puedes llegar si eres listo y sabes lo que haces

-Joder, Capullo, entonces es un puto milagro que estemos aquí- respondió Bizco

La señora hizo casi omiso, porque ya se había puesto a caminar hacia la pirámide. Bizco y Capullo la siguieron con aire despreocupado. Mientras caminaban, Capullo se dirigió hacia la misteriosa extranjera

-Bueno, señora, ¿Y qué ha venido a hacer aquí en este lugar alejado de la mano de Uruk?- la señora sonrió

-No es de tu incumbencia

Siguieron caminando durante todo lo que quedaba de día, pero cuando el sol se ocultó y la luna apareció en el firmamento, la señora siguió caminando. Normalmente Bizco y Capullo se habrían parado a descansar después de un día bastante agotador, pero se morían de curiosidad pro saber qué estaban haciendo ahí.

La luna ya estaba sobre sus cabezas cuando por fin entraron en la pirámide a través de un agujero seguramente hecho por un ladrón bastante apañado. Caminaron a través de un pasillo lleno de jeroglíficos a izquierda y a derecha. En los jeroglíficos podían verse sucesos históricos y mitológicos expresándose de vez en cuando a través de bocadillos con runas.

La forastera pasó de largo por el pasillo, y Bizco y Capullo la siguieron detrás con una antorcha cada uno. Total, pensaron, el gobierno urukkíe ya había confiscado la mayoría de bienes de valor que había ahí, si no habían venido los saqueadores. Supuestamente ya no quedaba nada de valor en ese lugar

Llegaron por fin al final del pasillo a una gran cámara circular. La sala tenía escaleras que llevaban hacia abajo, a un círculo sencillo que no tenía absolutamente nada. Encima del círculo había un enorme pilar que caía desde el techo hacia abajo. El pilar era una monstruosa estructura que debía pesar muchas toneladas, y seguramente en el pasado tendría alguna función ceremonial

Entre el suelo y el pilar había una mujer

-Qué cojones

Era una mujer con el pelo negro, corto.Vestía una túnica marrón y sencilla de la que salían dos enormes brazos con los bíceps del tamaño de una cabeza que aparentemente sostenían el peso del pilar.  Su cara expresaba tranquilidad absoluta

-¿Ves lo mismo que yo?-preguntó atónito Bizco

-Sí que lo veo ¡Yo pensaba que habría pasta!

La forastera bajó por las escaleras hacia la desconocida. Esta, al darse cuenta de que no estaba sola, hizo fuerza con los brazos para empujar hacia arriba el pilar. Sin mucho esfuerzo la estructura subió con un empujón y al llegar a la pared, apareció debajo un panel corredizo que mantuvo el pilar en su sitio. Acto seguido la desconocida se dirigió hacia sus "invitados". En el sitio donde había estado había una grieta enorme.

-¿Qué hacéis aquí? ¿Quién coño sois?

Bizco y Capullo se echaron hacia atrás, atemorizados por el poder de la mujer. Fue la forastera la que tuvo que dirigirse hacia ella, aprovechando que ya había bajado todas las escaleras.

-Hola, Suprema. ¿Me conoces?

La mujer que aparentemente se llamaba Suprema alzó una ceja, extrañada

-¿Por qué tendría que conocerte?

-Oh, tu padre no te ha hablado de mí... Soy Gilga. Encantada-alzó una mano hacia ella, gesto al que Suprema respondió estrechando su mano. Gilga retiró inmediatamente la suya- Vaya, eres fuerte...

-¿Qué has venido a hacer aquí? La última vez que vino alguien tuve que liarme un poco a ostias

-¡Venimos en son de paz!-gritó Bizco- ¡No tenemos nada que ver con esa señora!

-¡Oh, perdónanos la vida, diosa sobre la tierra!

Suprema bufó con desprecio, Gilga sonrió

-Bueno- dijo Gilga- eso es lo que hemos venido a asegurar

Suprema alzó las cejas con asombro, y Bizco y Capullo casi se desmayaron en el lugar

-Eres una diosa- afirmó Suprema

-Sí... pero ¿Qué eres tú?- entonces Gilga cerró los ojos, y cuando los abrió, en el lugar donde las cuencas orbitales donde se supone que tenían que estar sus retinas aparecieron dos orbes azules resplandecientes.

-¡Yo, Gilgarek de las Tierras Pardas, exijo saber qué eres tú!

-¿Quieres pelea, hija de puta?- gritó Suprema, no muy sorprendida- ¡Pues de puta madre!

Suprema dió un salto de dos metros de altura para cernirse sobre Gilga. Al ver lo que pasaba, esta volvió a poner sus ojos normales, y gritó asustada

-¡Eh, eh, he venido en son de paz! ¡No quiero pelearme contigo!

Suprema al oír esto intentó desviar su aterrizaje. Gilga corrió hacia un lado cuando Suprema se dió de bruces contra las escaleras. Hubo un gran estallido de polvo por toda la sala. Cuando se fue la nube de polvo, Suprema se encontraba al pie de las escaleras destrozadas, prácticamente indemne. Gilga la observó sorprendida:

-Vale, entonces, repito ¿Qué coño haces aquí?

-He venido para comprobar si eres mi hija

Suprema abrió los ojos, muy sorprendida. Y empezó a reírse muy sonoramente. Era su voz tan profunda y poderosa que el eco de su risa rebotó por toda la pirámide hasta llegar a las ruinas de fuera. Bizco y Capullo, mientras tanto, se tuvieron que tapar los oídos por culpa del ruido

-¡Jajajaja! ¿Crees que soy tu hija? ¡Jajjajajajaja!- se llevó un dedo al ojo para retirar una lágrima de felicidad

-¡Para! ¡Haz menos ruido!

-Ay...-Suprema se levantó y miró cara a cara a la diosa- Siento pinchar tus expectativas, pero yo no soy ninguna diosa. Sé quienes son mis padres, sé de dónde vengo, y sé quien soy

-Entonces ¿Cómo eres tan fuerte?

-Pues entreno mucho. Oye ¿Nunca habéis pensado que esa es la clave?

Gilda se volvió, frustrada. 

-Pues vaya...

Suprema se encogió de hombros. En ese momento empezó a escucharse un susurro que subía por momentos en intensidad. Al escucharlo, Gilda se llevó una mano a la cabeza, exasperada

-Lo que faltaba

En medio del círculo apareció una persona bonachona, con la piel naranja, cuatro brazos, y una barriga oronga. Tenía los mofletes inflados, y vestía un camisón negro con pantuflas azules. La aparición sonrió y se dirigió a Gilda:

-¡Gilgarek! ¡Hacía años que no te veía por aquí!

-¿Un amigo tuyo?- preguntó Suprema

-Podría decirse- respondió Gilda

Como si eso fuese una señal, más personas aparecieron dentro de la pirámide, por todas partes. Mujeres, hombres, animales, muchas personas de todas las formas y colores que llevaban ropas a cada cual más variopinta aparecieron por todo el edificio, y se dirigían a hablar con Gilda

-¡Gildi! ¡Cuánto tiempo!

-¿Dónde habías estado?

-Te veo más delgada

-¿Quieres que te presente a mi hijo?

-¿Dónde estabas durante la Crisis de Urukk?

-¡Miau miau!

Gilda se vio sobrepasada por todo un grupúsculo de dioses y diosas que la rodearon por todas partes. Suprema se encogió de hombros, saltó las escaleras, y se plantó encima de las escaleras frente a Bizco y Capullo. Estos dos últimos miraban a todas aquellas deidades, rascándose la cabeza debido a que la situación les empezaba a parece totalmente surrealista

-¡Ay, pero si ese es el Guerrero Tamir! ¡Y ese es el Dios de los Cactus!

-Creo que he bebido de más hoy

-Vamos, pringaos- dijo Suprema- No nos necesitan aquí

Suprema cogió en volandas a los exploradores, y salió de la pirámide dando un salto kilométrico que atravesó el cielo hasta que la ciudad en ruinas no fue más que un punto difuso en el horizonte. Capullo y Bizco ni siquiera gritaron, tan ensimismados cómo estaban por lo que acababan de ver

-O sea- dijo Capullo, cogido de la cintura por Suprema mientras volaban por los aires- Todos estos días hemos estado en compañía de un dios

-Pero Capullo, ¿Qué le decimos a nuestras esposas cuando volvamos?

-Les diremos que el otro día nos pegamos una buena borrachera y nos perdimos en el desierto. Es lo más lógico

-Por cierto, pringaos- habló Suprema- ¿En serio os llamáis Capullo y Bizco?

-Nah, es un mote que nosp onemos para engañar a los turistas

-Se piensan que somos tontos y así les llevamos por rutas más largas

-Más tiempo, más pasta

-Un plan infalible

-No sé por qué pero esto es lo más lógico que me ha pasado hoy

-Vivimos tiempos muy locos

-Desde luego

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