domingo, 7 de abril de 2019

Las Siete Joyas de la Inquisición

Con el paso del tiempo la Inquisición que a efectos prácticos gobierna al Imperio ha ido cambiando bastante. Pero desde que el Emperador articuló las leyes del Imperio se ha mantenido una gran prerrogativa: que esté estipulado por ley que la Inquisición cuente con sus propios agentes

Estos agentes están representados por lo que viene a considerarse como Joyas Inquisitoriales. Cada joya, representada minuciosamente en el sello personal de cada inquisidor, representa una fuerza imperial que está bajo el mando de la Inquisición. Estos agentes operan con independencia del gobierno de cada comunidad, o de los propios agentes imperiales, sobre los que los inquisidores ya tienen su propia jurisdicción de todas formas.

A fin de recompensar la experiencia de cada inquisidor, se han establecido varias Órdenes, o rangos, a los que cada inquisidor puede aspirar. Los rangos son seis, y van desde el sexto al primero en orden de importancia y status. Lo normal es que una persona que quiera convertirse en Inquisidor (y supere las pruebas de acceso) es que empiece siendo parte de la Séptima Orden, y cada Orden desbloquea para el inquisidor el acceso a una de las Siete Joyas Inquisitoriales, junto a su respectiva jurisdicción.  Así, un inquisidor de la Séptima Orden que ascienda a la Sexta tendrá acceso a las quinta y sexta joyas imperiales. Se presupone que cuanto más ascienda un inquisidor, más importante será la Joya Imperial a la que tenga acceso

Hay otras prerrogativas y responsabilidades que adquiere un inquisidor con cada orden, pero hoy vamos a centrarnos en las Siete Joyas, y en qué fuerzas corresponden a cada una:






SÉPTIMA JOYA, O "LOS HUMILDES"

La fuerza más básica de la Inquisición son los esclavos y fanáticos civiles que deben servir a su inquisidor cueste lo que cueste. Normalmente su función suele ser cumplir con las tareas más básicas de un inquisidor, como hacer las veces de mayordomo, cargar con el equipaje, o portar palanquines religiosos. Su uso es completamente personal, transferible, y aumentan en cantidad en cuanto el Inquisidor asciende de Orden. Lo normal es que un inquisidor de Primera Orden cuente con dos servidores. Está documentado que a veces los inquisidores los han usado con funciones militares, normalmente como carne de cañón. El símbolo es una cadena





SEXTA JOYA, O "LOS SOLDADOS"

La fuerza más básica y conocida de la Inquisición. Mujeres y hombres con formación militar y equipamiento proporcionado por el Imperio que han pasado antes por la Sexta Joya, y están preparados para morir en batalla a las órdenes de los agentes del Imperio. Un inquisidor suele tener una guardia personal, pero la Sexta Joya está a uso general de la Inquisición, desde sus bases de adiestramiento. Para poner en marcha esta fuerza solo se necesita un edicto con el sello inquisitorial. Desde la Ascensión del Emperador han aumentado drástica sus números, hasta el punto de que sus fuerzas reunidas podrían plantar cara perfectamente al Ejército Imperial. Todos llevan una capa blanca con un puño rojo cerrado hacia arriba (el símbolo de la Séptima Joya)





QUINTA JOYA, O "LOS MUERTOS VIVIENTES"

Esta es una joya de fundación reciente, unos años posterior a la Ascensión. Son personas expertas en el combate que han consagrado su vida por completo al Emperador, y han decidido convertirse en sus humildes heraldos dentro de la Tierra Infinita. Como no se consideran dignas de vivir en una tierra donde ha existido el Emperador, se consideran así mismos como muertos vivientes que solo se mueven por el puro esfuerzo de querer matar a todos los enemigos del Emperador. Para respetar dicha motivación, se intentan representar como esqueletos vivientes. Eso hace que los miembros más regulares se pinten totalmente de negro para ponerse encima tatuajes blancos que representen un esqueleto pintado por encima de sus verdaderos huesos. Aquellos con más experiencia y con un determinado historial de victorias en combate llevan una armadura que representa por fuera un esqueleto, incluido un casco con forma de calavera. El símbolo es una calavera blanca




CUARTA JOYA, O "LOS ANTINATURALES"

Los antinaturales son sencillamente los hombres y mujeres más expertos en el uso de la magia que han decidido dedicar su vida al servicio del Emperador. Su fidelidad es evaluada por Inquisidores de las Primera.Segunda y Tercera Órdenes. Su base es una torre anexionada a la Fortaleza Inquisitorial, y solo recibirán un sueldo ordinario si hay un inquisidor presente. Es la más versátil de las Joyas, pues se les puede aplicar toda variedad de usos, como encantar armamento, proteger con runas armaduras, o solucionar accidentes graves de las carreteras imperiales. Dentro de la propia Joya hay varios rangos de status según lo mucho que haya demostrado el antinatural su lealtad hacia el Emperador. Los miembros de status más alto pueden actuar con cierta independencia y viven en grandes torres con mucha opulencia. Su símbolo es un triángulo con un ojo cerrado en el centro





TERCERA JOYA, O "LOS REPARADORES"

Los reparadores son ingenieros, personas del Imperio con grandes conocimientos en alquimia, química, robótica y otras ciencias. Aparte de solucionar los problemas más acuciantes de las poblaciones imperiales más leales al Emperador, desarrollan prototipos que ayuden a los agentes imperiales a cumplir mejor con sus tareas. Todos los proyectos de investigación deben ser aprobados por un Inquisidor de la Primera o Segunda Órdenes. Algunos de los prototipos que han sido desarrollados con más éxito han sido, por ejemplo, las extremidades mecánicas, los perros de metal, y sobre todo, los palos de fuego.




SEGUNDA JOYA, O "LOS VIGILANTES"

Los vigilantes son espías al servicio del Emperador que se ocupan de mantener una vigilancia estricta tanto sobre los enemigos del Imperio como sobre la propia población imperial para así detectar potenciales traidores antes de que se provoque una rebelión. Está documentado que han sido también usados para espiar a otros inquisidores, por lo que se estableció una medida cinco años después de la Ascensión que prohibía a los vigilantes perjudicar de alguna manera a Inquisidores de la Primera Orden, a no ser que se obedezca a un inquisidor de la misma. Su símbolo son dos manos juntas en muestra de rezo



PRIMERA JOYA

En teoría, para ajenos a la Primera Orden, la Primera Joya no existe. Hasta ahora hemos hablado de Siete Joyas, pero para cualquier habitante del Imperio que no pertenezca a la muy selectiva Primera Orden (o algunos agentes de la Segunda Joya) solo existen las Seis Joyas, y así se representa en el símbolo de la Corona Imperial. Extraoficialmente al acceder a la Primera Orden se adquiere acceso pleno a todas las fuerzas militares del Imperio. Y aunque esto es cierto, también se accede al uso de la Primera Joya. En ésta solo pueden entrar aquellas personas cuyo servicio ha pasado por las seis joyas anteriores. Los inquisidores que se encargan de supervisar las órdenes de reclutamiento en cada joya están obligados, por razones administrativas, a reclutar un porcentaje ínfimo de entre los miembros de la Joya anterior. Así, por ejemplo, si un inquisidor está reclutando fuerzas para la Sexta Joya y ha conseguido cien soldados, está obligado a reclutar un miembro de entre la Séptima Joya (la gran mayoría de las veces un voluntario antes que un esclavo) Una vez cada siete años los inquisidores de la Primera Orden se reúnen para revisar cuántos agentes de la Segunda Joya han pasado por todas las joyas previas. 

Una vez se tiene la lista, se les recluta para lo que en teoría es una misión más, que acaba siendo una dura prueba de acceso a la que solo sobreviven uno de cada diez. Cuando ha pasado la prueba, se le nombra como un agente de la Primera Joya. Para reforzar su efectividad se le implantan miembros mecánicos reforzados con magia poderosa. Luego se les disfraza como miembros ordinarios de cualquiera de las Joyas anteriores, y para que su existencia no sea descubierta se les lava el cerebro a profundidad (ya que lavar el cerebro de un súbdito es uno de los grandes requisitos para entrar en la Primera Orden)

Estos agentes secretos son el as bajo la manga de la Inquisición. Si hace falta borrar de la existencia a una población, se ordena en secreto a la Primera Joya que lo hagan, y estos borrarán hasta el último rastro de que en algún momento llegase a existir nadie que haya nacido en dicho pueblo. Si hace falta asesinar a un rey cueste lo que cueste, al día siguiente la Primera Joya habrá reducido a escombros el castillo y estará persiguiendo a toda la línea dinástica. Son el agente más poderoso de la Inquisición, y al mismo tiempo es el que hay que usar con más cautela, ya que su mayor fortaleza reside principalmente en el desconocimiento de su existencia. 



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