domingo, 28 de abril de 2019

VistaLarga

Skabscror se llevó a la boca la bola de madera que él mismo había tallado hace unos ciclos. Lo masticó con fuerza, sin pensar en nada más, ya que según una leyenda urbana si un shu se pasaba más de mil latidos sin morder algo sus dientes podían crecer demasiado y atravesarle el cerebro. No es que Skabscror fuese un shu particularmente supersticioso. Por otra parte no hacía daño a nadie prevenir cualquier contratiempo, por ridículo que fuese. Y además, ahora tenía tiempo de sobra

Mientras masticaba el juguete se concentró en la combinación de la caja fuerte. Probaba varias combinaciones usando los sentidos del olfato y del tacto, probando cual sería el número exacto que permitiría abrir la caja fuerte del acaudalado noble. Skabscror ni siquiera conocía a la cosa humana, pero desde luego podía afirmar que no se había gastado mucho dinero en asegurar sus bienes.

Sonrió. Ya estaba a punto de encontrar la combinación exacta. Miró rápidamente a su izquierda y a su derecha. No había nadie a la vista. Perfecto. Acercó la oreja al acero de la caja fuerte, dejó de masticar un momento. La cerradura hizo click y Skabscror sonrió porque por fin había conseguido encontrar el número. Masticó con fruición la bola mientras abría la puerta

Skabscror sonrió ante otro buen trabajo bien hecho


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La mujer pelirroja brindó una jarra de cerveza con Skabscror.

-¡Un brindis por la pasta!

-¡Por la cosa brillante, oh, sí-sí!

La pelirroja empezó a beber con ansia la cerveza. Skabscror se limitó a dejar su jarra sobre la mesa que tenía delante suya, y miró hacia derecha e izquierda para asegurarse de que nadie les hubiese seguido hasta la casa de su cliente. Ella era un poco descuidada, pero afortunadamente Skabscror gracias a su adiestramiento conocía muchas maneras de descubrir si alguien estaba espiándolo. Al parecer nadie los había seguido. Solo lamentó que la capa negra que llevaba encima no permitiese ocultar ma´s sus rasgos

-Tranquila, rata. Tengo guardias vigilando todo el perímetro

-También la otra cosa-humana los tenía

Ella se encogió de hombros, dispuesta a correr el riesgo. Skabscror tomó nota: no volvería a aceptar contratos con clientes que estuviesen dispuestos a correr tantos riesgos. La única razón por la que había aceptado en primer lugar un contrato tan dudoso había sido básicamente porque estaba un poco necesitado de cosas-valiosas para sobrevivir.

-¿Y fue muy difícil infiltrarte en la casa del recaudador?

Skabscror no se molestó en preguntar qué era un recaudador. Debía ser algo importante

-Aquí tienes- cortó el shu dejando un saquito encima de la mesa- Todo lo que querías-poseías

-Ajá- la pelirroja abrió el saquito y sacó un manuscrito con varias inscripciones. En los lados podían verse marcas de las garras de Skabscror, pero desafortunadamente seguía sin comprender los kanji de las cosas humanas- Me servirá. Toma tu pago- depositó sobre la mesa otro saquito, lleno de monedas de oro

Skabscror cogió el objeto sin inmutarse, y procedió a desaparecer mientras su cliente seguía leyendo el manuscrito

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Skabscror cruzó la calle rápidamente hacia una esquina. A su alrededor se cernían las sombras gigantes de los tejados triangulares de los edificios de la ciudad, proyectadas por la luz de la luna. Miró a izquierda y derecha para asegurarse de que no pasaba ninguna cosa humana. Cuando se cercioró de que ese era efectivamente el caso, corrió para entrar por la puerta trasera de un edificio destartalado.

Cuando entró procuró ir con cuidado para no despertar a la vagabunda que se echaba a dormir todos los días en la puerta. Un vistazo rápido le aseguró que la casera no estaba aún en el edificio, así que subió con cautela las desvencijadas escaleras, evitando en todo momento los escalones rotos. Llegó a un pasillo lleno de vómitos y meados con moscas pululando, y una vez ahí, lo cruzó hasta llegar a su habitación.

Con una llave oxidada la abrió, y entró así en su vivienda: un mísero cuarto sin decoración alguna, con una ventana rota por dónde se filtraba la luz lunar, y una manta en el suelo donde dormía el propio Skabscror, además de un par de velas que se había agenciado hace un tiempo.

Encima de la manta se sentó Skabscror. Sacó el saquito, y empezó a contar de nuevo todas las monedas de oro. No es que a Skabscror el dinero humano le provocase una gran codicia, pero así podría por lo menos permanecer más en su actual residencia. Era un sitio bastante conveniente, y no sabía cuánto le podría costar encontrar otro propietario tan poco interesado en la identidad de sus clientes.

Entonces Skabscror azuzó el oído. Desenvainó rápidamente su espada y se dio la vuelta para encontrarse con una sombra que acechaba desde el marco de la puerta, ahora abierta. Sin embargo la sombra no hizo ademán de atacar. Se limitó a susurrar:

-Evolución o muerte

Skabscror envainó su espada

-Evolución o muerte- respondió

Más relajado, se sentó de cuclillas sobre la manta. La sombra se acercó: era un shu cubierto de una gran capa negra que disimulaba tanto su aspecto como su cola ratonil. Al contrario que Skabscror, olía a perfume de lilas

-¿Qué quieres?- preguntó Skabscror

-Lo mismo que tú- respondió el invitado mientras cerraba la puerta- Un renzhe

-¡Ja!- el invitado se sentó de cuclillas enfrente suya- Si que lo tienes claro-limpio

El invitado sacó una botella de vino y se la tendió al huésped. Este la olisqueó un poco, la descorchó, y la miró atentamente. Agarró una rata que se paseaba por ahí, y la forzó a beber un poco de vino. Cuando comprobó que la rata seguía viva, accedió a beber a morro de la botella

-Si hubiese querido veneno-matarte- observó el invitado- lo habría hecho hace muchos latidos

-¿Te crees que no sé que estabas ahí-detrás mía? Quería que me siguieras-siguieras, oh sí-sí

- ¿No vas a preguntar-ver quién-quién soy-yo?

-No me importa- cortó tajantemente Skabscror

-Mi nombre-yo es VistaLarga

-Yo-yo Skabscror-bastante igual

-Pues no debería- Vistalarga apartó su capucha, dejando ver a un shu de pelaje marrón ligeramente más joven que Skabscror. Tenía una cicatriz reciente detrás de la oreja, un morro ligeramente más largo que un shu normal (que cubría el largo de un antebrazo) y sus ojos eran amarillos brillantes

-¡Bah!- respondió Skabscror, tendiéndole la botella de vino de vuelta a su propietario, ahora medio vacía

-Te lo contaré. oh, sí-sí.- le echó un trago torpe al vino, de tal manera que parte del líquido cayó al suelo- Yo-yo formaba-estaba en una patrulla renzhe. Eramos vuestra manda de mensaje-cosas

Skabscror asintió. Tenía sentido que el equipo encargado de recibir provisiones de una misión renzhe fuese otro equipo de renzhe.

-Pero-pero- señaló VistaLarga- sufristeis-tuvisteis emboscada

-Sí. Las cosas humanas hicieron mata-mata con todo nuestra manada. Solo sobreviví-viví yo-yo

-Ah- VistaLarga esbozó con los colmillos algo parecido a una sonrisa- Pero no solo tú viviste para otro día, oh no-no. También vivió otro.

-Me da igual. No podía recogerlo-llevarlo. Muchas cosas humanas

-Oh, no-no, te entiendo, Skabscror- dicho el nombre en la boca del invitado casi pareció un gesto de asco- Pero-pero nosotros teníamos que interrogarle. Saber-conocer si había más-más supervivientes. Dónde estaba la cosa mensaje. Y mata-mata- Skabscror asintió en silencio. Ese era el protocolo renzhe al fin y al cabo- Pero tu compañero de manada fue tomado-secuestrado pro las cosas humanas, suponemos que para interrogarlo también. Así que planeamos-tramamos asalto

-¿Cuántos eráis?

-No voy a decírtelo- VistaLarga sonrió más ampliamente- Asaltamos la madriguera de las cosas humanas. De una cosa inquisidora, oh, sí-sí. Conseguimos entrar. Secuestramos a tu camarada, pero estaba inconsciente-muerto. Le hicimos mata-mata, y luego huimos-escapamos. Pero aparecieron las cosas humanas. Murieron muchos

-¿Cuántos?- respondió Skabscror sin titubear

-Oh, quedamos tres. Dos se fueron-escaparon para presentar informe-cuchicheo. Yo me quedé

-Por qué te quedaste, VistaLarga

-Quería más-más. Me ha costado descubrirte, pero ahora-ahora aquí estamos

-Pues aquí-aquí me tienes- Skabscror se levantó- Pero no veo-huelo más renzhe. No veo camaradas por las esquinas. Y sigo vivo-vivo. Quieres algo

-Quiero algo, Skabscror- VistaLarga sonrió sensualmente- Quiero saber por qué no has vuelto con los Tianzhí. 

-No-no- Skabscror sonrió- Tú quieres-deseas algo más. Quieres que te convenza de no volver-huir. Pero eso no lo puedo decidir por tí-tí. Yo no volveré-iré ahí

-¿Por qué no quieres volver al hogar?

-El hogar- Skabscror escupió a un lado- El hogar no son los renzhe, ni los Zai Mou, ni los camaradas. El hogar es dónde tú te sientas bien-bien. Dónde las tripas se te revuelvan. Iré-huiré dónde más libre me sienta. No quiero que me pongan en contra de los míos-míos. No quiero obedecer órdenes de una rata vieja-hedionda. Ni obedecer-seguir más órdenes estúpidas que maten a mis camaradas. 

-¿Y qué quieres, Skabscror?

-Quiero lo mismo que los demás. Todos queremos lo mismo. Desde las cosas humanas hasta los viejos Tianzhí. Por eso he hecho-hago lo más importante: viajar por todas las madrigueras y robar los cuchicheos de todas las sombras. 

-Y qué es lo que quiere todo el mundo, Skabscror

-Fácil- Skabscror volvió a sonreír, enseñando todos sus dientes- Seré el mejor del mundo


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