sábado, 6 de abril de 2019

Diario de una inquisidora: Día 3

Querido diario:


Hoy ha llegado un nuevo prisionero a la torre. Parece que hace dos días hubo un altercado en las alcantarillas de la ciudad Rengaria. Los atacantes se enfrentaron con una patrulla imperial, y entre los restos de la batalla consiguieron encontrar a uno que aún seguía vivo. Nada más capturarlo la orden fue traerlo al inquisidor más cercano para su interrogación, y da la casualidad de que mi base está cerca de Rengaria

Según el Manual de Razas el prisionero era un espécimen macho de la raza de los shu. Por supuesto eso lo averigüe después, porque cuando llegó a mi custodia otros asuntos eran de mi interés. Al fin y al cabo las razas extranjeras no se han educado en la fe del Emperador, por lo que es mínimamente razonable que no sigan su fe. Sin embargo, cuando llega una raza extranjera a mi torre, o sea, un ser que no es ni humano ni orca, suelo centrar la interrogación en saber por qué a lo largo de sus vidas no han sentido la fe hacia el Emperador, como hacen el resto de seres vivientes.

Sometí a la criatura a un proceso cauto. Primero llamé al especialista en medicina para que se ocupase de mantenerla viva, ya que la cosa tenía heridas muy profundas causadas por la patrulla imperial. Y una vez terminó a la hora estipulada, usé un martillo para molerla a golpes.

Lamentablemente creo que esta vez fallé mis cálculos. Cuando terminé con la primera paliza rutinaria, la cosa no pudo responder a mis inquisiciones. Oh, estoy segura de que se moría de ganas por responder, pero cada vez que intentaba abrir su apestosa boca solo salía sangre negra. Así que fue un día bastante improductiva.

Al menos la experiencia me ha permitido reflexionar. Esta es mi tercera experiencia con forasteros. Cómo parece que estas criaturas no pueden sentir la luz del Emperador a lo largo de su vida, he llegado a la conclusión de que su propia existencia es una herejía natural contra las creencias del Emperador. No es una decisión que esté tomando ahora, por supuesto, pero mis planteamientos teóricos por fin se han visto corroborados. En la próxima reunión inquisitorial insistiré en que se purgue la existencia de todos los vecinos que no pertenezcan a las razas afiliadas del Emperador.

La solución es simple. Ya que estos seres no pueden sentir desde su nacimiento el amor por nuestro Emperador, el paliativo sustituto será el miedo al Emperador y sus armas terrenales. Haremos que en todos y cada uno de los rincones de la Tierra Infinita se tema la presencia de la corona de tres puntas. Mataremos a todo lo que se nos oponga. Y a aquellos que por alguna misteriosa razón quieran acogerse dentro de nuestra fe, serán perdonados durante un breve espacio de su vida, y ejecutados en cuanto su descendencia deje de existir

Una inquisidora también puede ser benevolente

Volviendo al prisionero, lamentablemente ya no puedo interrogarlo más. La noche de ayer más ejemplares de esta raza se infiltraron en la torre, a costa de varios cadáveres que ahora lucen en la terraza de mi torre, clavados a varias estacas. Pero, como muestra de su herética perversión, lo que habían venido a hacer no era rescatar a su execrable compañero, o eso parece dado que el prisionero está ahora muerto. Desconocemos si todo el grupo murió en la incursión. Hay muchos cadáveres en el tejado

De todas maneras me intriga especialmente la intención original de estos agentes. ¿Debían de temer que el prisionero diese información sobre el primer grupo? Porque eso demostraría que las razas extranjeras efectivamente sienten miedo hacia el Emperador desde su mismo nacimiento (pues solo un hecho así puede llevar al asesinato de tu propio compañero)

Por supuesto la alternativa es que estos shu no sientan mucho aprecio o empatía por sus compañeros. Lo que de nuevo viene a afianzar mi fe en el Emperador, y confiar en que me protegerá de estas actitudes. 

La conclusión es que a partir de ahora exigiré más prisioneros extranjeros para mis interrogatorios

Ah, y tengo que recordar contratar a una nueva jefa de la guardia, dado que la anterior ha demostrado que ha dejado de ser útil. Mi consuelo es que al menos sobrevivió a las heridas que le causó el enemigo para que yo misma pudiese ejecutar la justicia del Emperador.

(Se ve en letras grandes un recordatorio para contratar a un nuevo jefe de guardia, y ejecutar cinco guardias más por la mañana)

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