jueves, 4 de abril de 2019

Lunáticos

Érase una vez que un reino en ITierra Infinita consiguió llegar a niveles de civilziación antes insospechados. Mientras otros reinos más lejanos se mataban a espada y fuego, este reino hhabía empezado a utilizar extraños aparatos mecánicos con los que se comunicaban a grandes distancias. Mientras los reyes vecinos se mecían las barbas preguntándose cómo conseguirían hacerse con sus riquezas, este reino había celebrado ya sus priemras votaciones populares para elegir presidentes electos, y había dejado de usar caballos para empezar a usar extrañas máquinas de metal con ruedas

Era una situación bastante inestable en realidad. Los otros reinsos vecinos ya estaban empezando a hacer alianzas para hacerse con las riquezas de una civilización tan avanzada. Su vecino se había encerrado en sí mismo y apenas intercambiaba mercancías con ellos, lo que les hacía recelar aún más.

Pero fue el Imperio el que intervino al final. Una inquisidora promulgó un dectro por el cual declaraba como herejías todas las creaciones que se habían hecho en ese lugar, y había ordenado a todos sus habitantes que se entregasen inmediatamente en nombre del Emperador.

Lo que ni unos ni otros abían era que, como siempre, el Imperio tenía un plan encubierto. Pensaba requisar todas esas tecnologías e investigarlas con el fin de crear grandes máquinas de guerra con las que vencer a todos sus enemigos.

De todas maneras, las gentes de aquel civilizado reino eran aislacionistas, pero tampoco idiotas. Sabían que no gozaban de grandes simpatías en el exterior, asi que lelvaban años realizando planes para solucionar sus problemas de la manera más lógica que se le podría ocurrir a las mentes científicas de los alrededores.

Una semana después de que se promulgase el decreto un ejército imperial dirigido por la inquisidora y apoyado por los reinos vecinos traspasó la frontera. Las órdenes no eran matar a todos los que se cruzasen en su camino, sino requisar todas las pertenencias del enemigo y apresar a los investigadores.

Entonces pasó una cosa extraña. El suelo empezó a temblar debajo de sus pies. Al principio los soldados y soldadas no se tomaron muy en serio el asunto, pero aumentó el pánico cuando los temblores crecieron más y más, hasta que justo en la retaguardia se formó una grieta.

Los generales ordenaron de inmediato una retirada ordenada antes de que esallase el pánico. Huyeron saltando la brecha mientras aún era una línea negra en el suelo, hasta que el ejército consiguió huir con éxito hasta un terreno seguro, lejos del terremoto

Al menos, pensaron los reyes, su odiado vecino se derrumbaría con la catástrofe. Pero nada más lejos de la verdad.

La grieta no solo se ensanchó. Crecío en dirección hacia el cielo, junto a todo el suelo. Antes de que nadie se diese cuenta, todo el reino vecino se estaba elevando por encima de la tierra que le rodeaba. Pronto la inquisidora tuvo que mirar hacia arriba, mientras el reino entero tapaba el sol.

Efectivamente, todo el reino estaba flotando sobre el suelo. Con los edificios en su cúspide, había debajo toneladas y kilómetros de suelo, que lelgaban a dar al objeto volante un diámetro bastante considerable. En la base subterránea podían verse diferentes aparatos con formas geométricas dispares que soltaban ruidos estremecedores, iluminados con luces parpadeantes de todos los colores.

Todo el mundo, lógicamente, se quedó atónito ante lo que estaba viendo, pues el reino seguía ascendiendo y ascendiendo. El ejército intentó disparar, pero la "nave" ya se había alzado demasiado alto como para que la fuerza de un ser humano pudiese alcanzarlo. El reino fue alzándose más y más, hasta que al final no era más que una mota negra en el cielo. Al día siguiente había desaparecido cualquier rastro suyo.

La reacción del Imperio no se hizo esperar. Corrió el rumor de que el reino había intentado huir del poder de los inquisidores, pero que cuando habían conseguido elevarse hacia el cielo, algo falló y se estrelló contra el suelo, pues solo el Emperadorp odía aspirar a tocar las nubes. Se dejaron pruebas en el cráter resultante.

Del reino flotante nunca más volvió a saberse nada, pues nunca más volvieron a intentar comunicarse con el exterior.

Solo se sabe que a día de hoy a sus habitantes se les llama lunáticos

En parte para usarlo como burla contra aquel que intenta hacer una tarea desproporcionada y fracasa

Y en parte porque por las noches algunos celosos testigos creen pdoer afirmar que a la luna le ha salido una pequeña gemela en el firmamento

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