martes, 26 de marzo de 2019

Los dos dragones


Erase un vez un valle rico donde había un pueblo de campesinos. Vivían sus días sin que fuesen apacibles ni desagradables, pagando regularmente sus impuestos a los representantes del Imperio, y quejándose de que los pastores se estaban acercando cada vez más cada año, todos los años y todos los días.

Esta paz se vio alterada el día que al pueblo llegó Mazo, un pastor que solía pasar por el valle cuando llegaban las estaciones más calurosas. Solo que esta vez Mazo no traía ninguna oveja o perro con él. Tenía las ropas cubiertas de sudor, despedía olor a miedo, y sus ojos se salían de las cuencas de sus órbitas. Mazo miraba una y otra vez hacia el cielo, temblaba, se tropezaba cada dos por tres mientras iba hacia el ayuntamiento. Cuando Raíz, un mozo que acaba de cumplir las dieciocho primaveras, detuvo a Mazo, lo único que pudo sacarle en claro fue una palabra

“Dragones”

No tardó en esparcirse la palabra pro todo el pueblo, y con ella llegó el terror a una muerte cercana. Aunque la alcaldesa intentó tomar medidas poniendo milicias ciudadanas en las carreteras, no tardó en desatarse l locura, con decenas de carromatos huyendo en todas direcciones, provocando un grave atasco en la carretera principal, y diversos accidentes mortales.

La alcaldesa, superada por la situación, no tardó en enviar mensajeros a la capital imperial más cercana. Calculaba que a lo sumo tardarían 3 días en tener una patrulla imperial imponiendo el orden en el lugar.

Poco después, en la víspera del mismo día, llegaron al pueblo más noticias de pastores y agricultores asustados. Habían tenido avistamientos de dragones en los extremos meridionales del valle. Costó mucho sonsacar a los lugareños asustados algo de información, pero cuando llegó la noche la alcaldesa pudo por fin hacerse a una idea de la situación en la que estaban, que no tardó en comunicar a los alguaciles: dos dragones habían llegado al valle, uno en cada extremo meridional. No parecía que de momento nadie hubiese muerto (salvo algunas heridas superficiales en peligrosos accidente durante la primera hora de locura en el pueblo) Los dragones, ambos machos, parecían más interesados en alimentarse

La solución fue, efectivamente, evacuar el pueblo, pero organizadamente. Al día siguiente la evacuación estaba perfectamente supervisada y organizada por los alguaciles locales, mientras los más agoreros seguían mirando con desconfianza el cielo.

Cuando el sol del segundo día ya se estaba escondiendo por el oeste, vino un extranjero a la comotiva, acompañado por varios guardaespaldas armados con arpones de diuterio recién afilado. El extranjero, un hombre con pelo en el pecho y una larga barba, fue directo a hablar con la alcaldesa. En un comité improvisado el hombre proclamó que sabía la razón por la que los dragones estaban atormentando el valle

Resulta que en uno de sus viajes más recientes a Dragonaria el hombre, con un equipo de mercenarios más amplio que el que tenía actualmente, se las apañó para atrapar en una trampa a un dragón de la especie de los escamafilada, que en este caso era un ejemplar de 10 metros de ancho de color rojo y con cuernos en la cresta. El viaje de vuelta sucedió sin muchos problemas, con el dragón enjaulado y atado para que no pudiese escapar. Al legar a tierra, atravesó circunstancialmente unas montañas cercanas al valle, siguiendo el camino imperial que llevaba hasta la capital Ordreng.

Todo marchaba como la seda hasta que un día un rugido de dragón llegó hasta el grupo. Al principio ignoraron el ruido, considerando imposible que un dragón hubiese atravesado el mar Trastorco hasta el territorio del Imperio. Pero en cuanto el rugido se repitió dos, tres, cuatro veces más, el dragón que tenían atrapado reunió fuerzas insospechadas para romper sus ataduras, y huir hacia el valle, de dónde venía el rugido

Los propios tramperos pudieron deducir que el otro dragón era un macho de la misma especie (ya que al fin y al cabo eran expertos en cazar dragones e identificarlos por su olor, huellas, y rugido) Sabiendo que los dragones eran criaturas muy territoriales, el extranjero le dijo a la alcaldesa que muy probablemente el otro dragón debía de tratarse de un enemigo mortal y feroz. Al parecer, según el extranjero los escamafilada necesitan traer la cabeza muerta de otros machos como ritual de apareamiento con las dragonas hembras, ritual que podía suceder en el caso contrario.

Los cazadores calculaban que al mediodía del siguiente día los dos dragones se encontrarían en el pueblo, y lo destrozarían inmediatamente en una pelea territorial para demostrar su virilidad. Esto causó mucha desazón entre los habitantes del mismo, pues muchas de sus pertenencias, animales, e incluso familiares se habían quedado en el asentamiento, y se perderían en medio de una lluvia cataclísmica de fuego y garras

Para solucionar el problema el extranjero ofrecido su ayuda a cambio de todos los bienes que iban a ir destinados al impuesto anual imperial. Una vez pagado, el extranjero ordenó a los cazadores que se pasasen toda la noche construyendo un arma secreta hecha para estas ocasiones

Al amanecer del día fatídico, los aldeanos pudieron observar con detalle el mecanismo: era una balista enorme, con cuerdas robustas y firmes, ruedas del tamaño de un hombre de estatura media, y un virote con la punta hecha de diuterio en estado puro, el metal más comúnmente utilizado para matar ejemplares del a raza de los dragones.

Los aldeanos quedaron impresionados por la muestra de fuerza, y por primera vez en tres días pudieron permitirse tener un poco de esperanza, asi que durante toda la mañana hubo una pequeña fiesta a los pies de la colina donde se situaría la mortal arma secreta.

El único que no acababa de estar muy convencido del plan era Raíz, el joven mozo que habló por primera vez con Mazorca sobre la primera aparición de un dragón en el valle. Raíz no tenía ni idea de cómo funcionaba la anatomía de los dragones, no tenía experiencia en liderar un grupo de gente, ni sabía ni mucho menos qué hacer con su propia vida, pero Raíz empezaba a tener sus propias sospechas sobre lo que estaba pasando ahí

No pudieron confirmarse hasta que no llegó el momento decisivo.

El sol se hallaba en lo más alto del cielo cuando un rugido de dragón provocó que la fiesta se detuviese de súbdito, ya que todos lso festejantes se quedaron mudos del terror. Al sonar otro rugido de dragón en la dirección contraria del valle hubo un breve estallido de pánico que provocó una mifgración instantánea de los aldeanos hasta el lado conrario de la colina. Junto a la balista ya solo quedaron la alcaldesa, un par de alguaciles, Ráiz, los cazadores de dragones, y el extranjero, que parecía bastante satisfecho

Antes de que fuese demasiado tarde, Ráiz fue a hablar con la alcaldesa, y le mencionó que sospechaba de las intenciones del extranjero. Esta no pudo hacer más que encogerse de hombros, ya que ella también sospechaba de él, y desde luego no había sido plato de buen gusto deshacerse de los impuestos imperiales, pero dijo que su mano estaba siendo forzada.

El extranjero sonrió cuando los dos dragones entraron en el claro

Tal y como había mencionado el relato, los dos eran dragones escamafilada de igual tamaño, uno rojo, y el otro azul, y los dos eran machos. El dragón rojo caminaba sobre sus cuatro patas, moviendo la cabeza de derecha a izquierda, rugiendo con todas sus fuerzas. El dragón azul, que había entrado también caminando, soltó un gran rugido.

En ese momento, Raíz se volvió enérgicamente hacia el extranjero, pidiendo que no disparasen. El extranjero desestimó despectivamente la petición. Al fin y al cabo, no tenía por qué no hacer caso omiso de un vulgar campesino. Ya tenía casi en el bolsillo el cadáver de un preciado dragón, y quien sabe si conseguiría recapturar a otro. En cuanto el dragón azul despegase, pensaba disparar la balista para matarlo

Raíz, viendo que al ser joven su palabra no iba a ser estimada, acometió violentamente contra los operarios del arma. Noqueó a uno con un buen puñetazo en la mandíbula, y empezó a pelearse mano a mano con otro. El extranjero, molesto por la intromisión, ordenó a un guardia que retuviese al mozo, ya que el dragón azul estaba alzando las alas y no sabía si tendrían un mejor momento para disparar

Entonces la alcaldesa, armada con un palo, intervino, rodeada por sus alguaciles.

-¡Podéis llevaros nuestro oro, pero nunca consentiré que le alcéis la mano a una sola pulga de mi pueblo!

Los guardias, desprevenidos, sufrieron una severa somanta de palos, mientras el extranjero gritaba y protestaba. Raíz, viendo que era su oportunidad, se zafó de su contrincante, y saltó sobre la balista. Una vez ahí, quitó el virote, y lo arrojó a un lado. El daño ya estaba hecho

-¡Imbécil!- se atrevió a gritar el extranjero- ¡Acabas de condenar a tu pueblo!

Raíz sonrió. El dragón azul ya había alzado el vuelo, y estaba sobrevolando el pueblo, como si estuviese buscando algo.

En el otro lado, el dragón rojo empezó a alzar tímidamente sus alas. Claramente le dolía mover siquiera sus miembros, y en cuanto intentó levantar el vuelo se pudo ver por qué: sus extremidades aéreas estaban atrofiadas, rotas, sangrientas, y las membranas de sus alas tenían múltiples agujeros.

Aun así, de alguna manera el dragón rojo consiguió alzar el vuelo.

Al principio lentamente, luego de manera más constante, el dragón rojo fue volando hacia el dragón azul por encima del centro del pueblo

El dragón azul y el dragón rojo intercambiaron miradas durante un momento eterno

Cada uno fue volando hacia el otro con aleteos enérgicos

Y una vez se encontraron, los dos dragones estiraron el cuello, y unieron sus cabezas en un gesto misterioso

El extranjero, que no podía dar crédito a lo que veían sus ojos, no pudo evitar preguntar:

-¿Cómo ha podido volar?

Raíz, con una cara sonriente se volvió hacia el hombre, y dijo:

-Muy fácil, señor. El amor te da alas

Los dos dragones se fueron volando hacia el horizonte, formando la silueta de un corazón antes de desaparecer de la vista de todos los presentes



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