Erase una vez dos reinos en guerra. Ambos reinos estaban completamente igualados en efectivos, aliados, y recursos, así que la guerra, lejos de terminar en un par de años, se alargó durante muchos años, años que se convirtieron en décadas, y antes de que nadie se diera cuenta, en siglos. La guerra continuó mucho tiempo, al punto de que las poblaciones de ambos reinos empezaban a sufrir vastamente.
Era esto tan grave que un día los reyes de los dos reinos llegaron a un pacto: solo harían una batalla anual. Sería una batalla sin cuartel, pero en un lugar determinado de antemano, con unos efectivos exactamente igualados, y con una recompensa monetaria para todos los participantes.
Los años siguieron pasando, y al final, nadie en ninguno de los dos bandos pudo recordar ya cuál fue el motivo original para entrar en guerra, pero las batallas anuales siguieron celebrándose. Pero no lo hicieron eternamente
Un día una niña llamada Algodón se sentó a rezar al lado de su cama. La niña vivía en la más absoluta miseria, pues sus padres habían muerto durante la guerra, y ella había tenido que irse a vivir con su abuelo, que a su vez perdía todo su sueldo en pagar impuestos militares. Pero la niña no había perdido la esperanza Tenía una idea, y como no podía comunicársela a un adulto, se arrodilló para pedírsela a los dioses, o a quien pudiese atender su petición, fuese quien fuese.
"Quiero que llegue la paz"
No fue desde luego la primera vez que alguien pedía el fin del conflicto. Pero digamos que aquella fue la gota que colmó el vaso.
Al día siguiente, al anochecer, una mujer misteriosa se presentó en uno de los castillos del rey. Llevaba una falda negra con encajes blancos, y un chaleco negro con ribetes rojos y un corpiño blanco ricamente detallado.Sus uñas estaban pintadas de negro, y sus labios tenían un característico carmín carmesí Su pelo era blanco, y su piel pálida, pero estos detalles reforzaban la belleza de la señora, y lo más importante de todo, reforzaban cierta aura de terror y respeto que rodeaban a la desconocida con cada paso de tacón que daba.
El rey quiso saber inmediatamente sobre la desconocida. Fue acompañada por los guardias, pero en ningún momento hombre o mujer alguna se atrevió a dirigirse o ordenar algo a semejante señora. Ella por su propia voluntad atravesó el castillo hasta llegar a la sala del trono, rodeada por media docena de guardias asustados.
La señora caminó hacia el propio trono, donde el rey estaba empezando a asustarse. Cuando estaba a cinco pasos del trono, el rey arañó los pomos dorados, y quiso gritar, más ningún sonido salió de su boca. Cuando la desconocida se hallaba a menos de medio paso, se detuvo, y de inmediato el rey se derrumbó de su silla y cayó hacia el suelo, agotado y asustado, sudando como un cerdo.
La mujer miró altivamente al monarca. Sacó una carta con un sello rojo ricamente detallado, y la dejó a los pies del rey. Después de esto, se dió la vuelta, y se fue por donde vino. Cuando atravesó la puerta de entrada del castillo, y los guardas quisieron seguirla, se encontraron con que la mujer había desaparecido completamente
Una hora después llegó un mensaje de los espías en el reino enemigo, informado que el rey vecino había recibido casi al mismo tiempo una visita parecida. Ambos reyes, intrigados, dejaron que un escudero abriese las cartas, y ahí se encontraron un mensaje de lo más sugerente:
"Invito al rey a encontrarse conmigo mañana en el lugar exacto donde va a celebrarse la batalla ritual de este año, cuando el sol se haya ocultado en el oeste y la luna se asome al firmamento. No aceptaré la presencia de ningún otro hombre o mujer"
Los reyes se mesaron cada uno sus respectivas barbas, picados por la más malsana de las curiosidades. La batalla ritual iba a celebrarse dentro de dos días, así que ya se estaban gestando los preparativos en los ejércitos de cada lado. Pero si iban a encontrarse en la víspera de la batalla, los reyes seguramente podrían permitirse hacer una visita para conocer las intenciones de la mística persona.
El encuentro sucedió tal y como estaba previsto. Cada rey acudió a su lado de la batalla acompañado de un numeroso cortejo de bufones, damas, y guardaespaldas de ambos sexos. Los soldados de los ejércitos no pudieron evitar despertarse y ver semejante espectáculo, y creyendo que los reyes venían a participar en la batalla, alabaron cada paso que daban los caballos mientras arrastraban los pesados carruajes reales.
Cuando llegó el sol empezaba ya a esconderse en el horizonte, cada rey descendió de su respectivo carruaje, y fueron caminando hacia lo más alto de la colina central, donde dentro de unas horas se produciría lo peor de la batalla.
Lejos de miradas curiosas, los dos reyes se encontraron, y se dieron un sendo abrazo, pues se conocían de toda la vida y eran los mejores amigos que podían existir. Pero, se rascaron las cabezas, porque la desconocida no había acudido. Cuando pasaron los minutos sin que la desconocida pareciese, los reyes empezaron a plantearse la retirada, pero aguantaron un poco más, mordidos por la curiosidad ante el primer evento único en muchos años de sopor y aburrimiento.
Llegado el momento, la señora apareció, justo detrás de sus espaldas, dando a los dos reyes un susto de muerte. Se volvieron asustados para ver a la inquietante figura, que había acudido vestida con un largo vestido blanco de boda que resplandecía con la luz de la luna. El resplandor era tan brillante y cegador que uno de los reyes no pudo evitar ponerse la mano delante de los ojos para evitar quedarse ciego.
Entonces la señora habló con una voz suave pero autoritaria que acobardó de inmediato a los dos monarcas:
-Esta guerra ha durado demasiado tiempo. Vais a acabarla ahora mismo
Los reyes sacaron fuerzas para reírse. No pensaban ni por un solo momento detener una guerra que les daba tantas excusas para recaudar más impuestos que otros reinos todos los años, y encima sin que nadie pase quejarse en absoluto. Despreciaron a la señora en aquel mismo lugar
Ese fue el error que colmó el vaso
Y es que si todavía no os habéis dado cuenta, aquella dama extravagante no era solo una dama con excesivo gusto por la crema solar.
Era una vampira
Y de las poderosas
Los reyes lo desconocían, así que siguieron riendo mientras se iban de camino a sus reinos. Pero cuando apenas habían dado un par de pasos, un sonido empezó a retumbar por el valle. Sonaba como el crepitar de muchas ramas golpeadas por el viento, y lejos de atenuarse en una noche despejada como aquella, fue en aumento hasta que los propios soldados en sus campamentos pudieron encogerse de miedo.
Los reyes se volvieron para ver que, efectivamente, era la vampira la que está profiriendo ese ruido, y es que se estaba riendo. Y eso no era todo, ya que unas llamas verdes estaban empezando a proceder de su piel blanquecina, rodeándola de un aura verde más luminosa que la propia luna.
Los soldados intentaron llegar al claro, pero se encontraron conque estaban rodeados por un ejército de sombras. Cuando una de las capitanas más tenaces se atrevió a encender una antorcha, los hombres y mujeres ahí presentes pudieron ver bajo la tímida luz artificial el semblante de un esqueleto que caminaba pro si solo, ataviado con una armadura oxidada tiempo ha. A su alrededor había más cadáveres en descomposición que bajo algún hechizo estaban caminando por su propio pie, armados con lo que un guardia pudo identificar como armamento procedente de generaciones de batallas anteriores.
Cuando los ejércitos intentaron retirarse, todas las antorchas se apagaron súbitamente
Al día siguiente una gran nube negra apareció en territorio neutral. Llegaron relatos sobre una gran masacre que había acontecido la noche anterior. Los príncipes no sabían muy bien que hacer
Entonces apareció en el castillo real de cada miembro una figura en la sala del trono. Eran los reyes, convertidos ahora en cadáveres animados, llenos de lombrices y despidiendo un olor terrible. Ordenaron con voces que no parecían proceder de sus gargantas que se construyes un nuevo castillo allá donde había aparecido la nube negra. Era, según dijeron, la única condición para parar aquella guerra. La alternativa, una nueva guerra contra aquello que había masacrado a sus ejércitos en menos de una noche
Los aldeanos, nobles y príncipes, amenazados por el miedo, no se atrevieron a llevar la contraria a sus antiguos reyes. Abandonaron en masa las aldeas y castillos para construir en tiempo récord el castillo pedido. Mientras, los cadáveres de los reyes permanecieron para siempre en sus tronos dentro de castillos que el tiempo rápidamente olvidaría
En menos de una estación el castillo fue terminado, mientras la nube permanecía en el cielo sin que viento alguno pareciese capaz de moverla. Cuando llegó el día de la inauguración, entonces la vampira se presentó.
Iba vestida con una armadura grande y pesada, con un casco en forma de calavera. A su alrededor marchaba un ejército gigantesco compuesto por todos los muertos que habían perecido a lo largo de siglos de guerra, ahora poseídos de una energía mágica que les hacía caminar pesadamente hacia el castillo, acompañando a su tétrica señora
Los esqueletos y zombies se colocaron por todo el castillo, formando un cortejo cadavérico. Una vez en la sala del trono, la vampira se quitó el casco para enseñar a todos sus visitantes la sonrisa de oreja a oreja que le dedicaría un lobo a sus ovejas.
Ahí declaró que de ahora en adelante los dos reinos se convertirían en uno. Prometió gestionar ella misma las cosechas, y que nadie nunca jamás tendría que pagar impuestos a la Corona, con lo que abolida la nobleza. Prometió que nadie jamás te dria que volver a morir víctima de la violencia, una promesa que podía mantener gracias al vasto ejército no muerto que vigilaría a partir de ahora las fronteras. A cambio de todos estos servicios lo único que pedía era el tributo de una persona al mes para poder alimentarse. De las doce personas que sería seleccionadas a lo largo del año, además una tendría el lujo de poder convertirse en un vampiro o vampiresa neonata para firmar una nueva nobleza de vampiros. Prometió que mientras ella no-viviese todas las personas del reino serían protegidas frente a cualquier amenaza, costase lo que costase.
Se proclamó el comienzo del reinado de la Reina Blanca
Al principio copio hubo cierta oposición. Los nobles sobre todo no aceptaron sus nuevos cargos, y se intentaron rebelar contra su nueva señora. Sin embargo, con el paso de los años las rebeliones fueron aplicadas sin que hicieran falta ni ejecuciones ni aprisionamientos.
Todos los que morían debido a la edad (pues nadie en el reino llegó a pasar nunca hambre o sed)eran reclutados dentro del ejército de no muertos, y al mismo tiempo la población fue siendo habitada por vampiros y vampiras que formaron una aristocracia diferente, pero desde luego más vehemente que la anterior, y siempre supeditada a las órdenes de la Reina Blanca. El tributo mensual paso a considerarse un honor y pasar a formar parte de la aristocracia vampírica, una competición de lealtad.
Con el paso del tiempo cada vez iba quedando menos población de seres humanos vivos, y se fue normalizando la presencia de no muertos en las aldeas. Cuando habían pasado cincuenta años desde la toma de poder de la Reina Blanca los aldeanos dejaron de encontrar muchas diferencias entre estar vivo o muerto
Cuando pasó un siglo, el reino había alcanzado una era de prosperidad insospechada. Ya solo quedaba un solo ser vivo en toda la ciudad, que no era más que Algodón, que ahora apenas podía caminar por su propio pie
Un día la Reina Blanca ordenó a un séquito de esqueletos andantes que llevase a la anciana ante su presencia
La anciana al ver a su reina usó todas sus fuerzas para arrodillarse, pero debido al esfuerzo las pocas fuerzas que le quedaban se le empezaron a ir del cuerpo. La Reina Blanca sonrió y dijo:
-Querías la paz. Pues ya la tienes. La paz de los muertos
Nada más oír aquellas últimas palabras la anciana falleció en aquel mismo lugar, dando comienzo oficialmente a un reinado de los muertos lleno de prosperidad y silencio
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